Opinión

Hora del ahora

Hoy Tiempo está dentro de mí. Y cabalgo a mi antojo sus manijas, en este torbellino de vida y paz

Una llamada respondida con el silencio del contestador. Una silla ocupada para cumplir condena temporal. La verticalidad de un dedo que acaricia la pantalla con imágenes sin color y textos sin palabras. Ésa que te dice mejor mañana porque Tiempo no le ha dado ni unos segundos para su libertad. Soplos de vida agotados por el hastío que produce el caminar que otros nos marcan. Bufidos que se escurren entre nuestros dientes, dando paso a la desidia y el hastío. Preguntas que no se cuestionan, y cuanto menos, se pretende dar respuesta.

Estamos hechos de Tiempo. Y es el único que nos apremia o castiga.  Nuestras venas son relojes de arena que corren para buscar más granos a los que abrazar. Nuestros órganos son agujas que entrechocan con el sonido del corazón. Nuestro aliento es el termómetro que mide la premura o el recreo.

Estamos hechos de Tiempo. Y el aire le pide otra oportunidad para salir victorioso de este juego a partida única, con un solo dado y tan solo un cubilete. 

Hoy es Ahora y sueña con abrir los ojos y
reconocer un mundo sin excusas para la acción. 

Tiempo camina, a pasos grandes y dilatados, y yo intento cogerle, agarrarle con fuerza, para rogarle un segundo más. Siempre un poco más. Porque dice que son 24, pero el reloj se ha vuelto loco de tanto girar hacia delante y nunca poder ir hacia atrás. Se siente cansado, necesita saber lo que es parar en un mundo que se pone la zancadilla a sí mismo.

Yo no sabía que 24, el número que me había acompañado toda la vida, se volvería mi favorito cuando le conocí. Mi Luz dice que somos dueños de nuestro tiempo. Y yo le creo. Me alivia que la constancia la marquen nuestros latidos cuando cantan al unísono. 

Tiempo sigue su camino, me alcanza, sus pies y sus manos se hacen una para avanzar más rápido.  El viento acaricia las huellas que voy dejando a consecuencia de seguir caminando. Las pisadas se desvanecen y Tiempo no para de reír victorioso.

Por un momento la tierra parece dormida. Y es que el viento la acaricia delicadamente. Ella se deja. Hacía mucho que las huellas humanas, jocosas e irritantes, no la trataban tan bien. Me dice que ellas no se paran a sentir su cálido roce al contacto con el sol, que la viene a visitar cada día para regalarnos una fiesta de fuegos artificiales.  

Mañana vive Ayer y no se pregunta por Hoy. Ayer vive Hoy y Mañana lo confía al mentiroso destino. Hoy es Ahora y sueña con abrir los ojos y reconocer un mundo sin excusas para la acción. 

Hoy Tiempo está dentro de mí. Y cabalgo a mi antojo sus manijas, en este torbellino de vida y paz. 

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