Colaboraciones

Esenciales pero sin derechos

La piedra sin labrar y las ramas de los árboles sostienen las aldeas tempranas de una prematura civilización. Los campos ricos en hortalizas descansan al calor del cuidado para nutrir a familias anhelantes de conseguir la estabilidad de un hogar.

«Hace 10.000 años los recolectores comenzaron a construir los primeros asentamientos. Nuestros hermanos del Neolítico orquestaron una revolución que cambiaría el curso de nuestra historia. Ellos, inocentes de su presente y aún entre sudores, debían buscar agua para saciar su sed después de horas bajo el sol. Comprendieron que cuidar la tierra exigía grandes esfuerzos que se traducían en dolores de espalda y vivieron con una salubridad que tampoco les mecía entre algodones.

Ahora sí, para hacer historia, toca mirarnos por dentro para construirnos de nuevo, dejando atrás nuestra mugrienta y pasmosa indiferencia.

Miles de años después, la historia, que parece tener memoria, se vuelve insistente y dañina. Aka, padre migrante de Costa de Marfil, se mueve con soltura con las pantuflas azules que se quita antes de entrar en su vivienda. Asfixiado, vive bajo plástico, palés y cartón. No tiene luz, ni baño, tampoco grifo para lavarse las manos. El agua, como los amigos neolíticos, tiene que ir a buscarla a kilómetros de distancia».

Puedes leer el artículo completo aquí.

Artículo publicado el 22 de julio de 2020.

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