Colaboraciones

El valor del cuidado

Caminaba en la encrucijada de un atípico verano cuando una niña me sacó de mi ensimismamiento con sus alaridos. -¡Yo quiero viajar, mamá, quiero viajar como siempre! -Repetía incansable. Esa eternidad escondía una tierna inconsciencia que su madre apaciguó con cariño y dosis de realidad.

Le explicó que este verano sería diferente ya que las prioridades han cambiado. Continuó diciéndole que dejarían atrás ciertos hábitos para inventar otros, que no faltarían los juegos ni los baños, aunque extremarían las precauciones. -Entonces, ¿sólo cuidando de ti podrás cuidar de los demás? -Inquirió comprometida la pequeña.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se embarcó en viajes que hicieron olvidar los desastres. El turismo cogió carrerilla en una primeriza sociedad del bienestar en la que, una vez superados los azotes de un tiempo de aprietos, el deseo por la evasión y la huida hacia remansos de paz construyeron una sociedad que empezaba a revivir esa calma prometida después de la tempestad, una serendipia revolucionaria.

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Artículo publicado el 29 de julio de 2020.

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