Relatos

Instantes

Cógelo. Apriétalo junto a ti. Tan solo un instante en medio de este revuelo tan huraño.

No contábamos con esto, pero ahora tenemos al reloj abierto de par en par. Ahora tenemos tiempo para imaginar sin riesgo, fuera de esos miedos que nos producía nuestra propia vida. Ahora tenemos tiempo  para escuchar lo que nos decía, desde hacía ya tiempo, aquella ventana de oficina que ahora, se ha convertido en nuestra propia casa. Ella siempre estuvo ahí para nosotros. Estática, esperando ser vista, pero gritándonos en forma de rebelión creativa, en contra de un mundo que se movía por su propia inercia.  

Ahora tenemos tiempo para hablar con nosotros mismos, para tener una conversación de tú a tú, sin circunloquios ni evasivas. Ahora que todo se ralentiza, podemos preguntarnos qué caminos nos han llevado hasta lo que somos y, cuestionarnos, si después de esto queremos seguir por la misma carretera. Y, sí eso puede aterrorizarnos. Ahora todo va más lento, todo es más estático y la velocidad la marca la sonoridad de nuestro propio aliento. Porque tenemos horas que ansían estar vivas y relojes que juegan al pilla pilla con la arena de mil playas desiertas. Ahora reina el silencio, que solo se rompe con aplausos, cada tarde, para recordarnos la singularidad de todo esto. 

Cógelo. Apriétalo junto a ti. El mundo nos está gritando y quizás nos toque responderle igual.

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