Crónicas

La mascarilla: doble barrera para la comunidad sorda

Hacer la compra se ha convertido en un ritual. Cojo mascarilla, guantes y desinfectante. Mi nivel de atención se ha incrementado, no quiero que se me olvide nada en la otra punta de la casa porque tendría que deshacer mis pasos con todo lo que ello supone. Al llegar al supermercado me limpio los guantes con gel y añado otros transparentes a la suma. Cuando termino toda la coreografía de calles y carros, paso por caja y siento alivio. A mi lado detecto que la cajera está en apuros. Mientras espero, me fijo que una pareja intenta decirle a la dependienta qué chocolate quiere. Utilizan toda clase de artimañanas. Dedos, manos, brazos. Es una pareja de personas sordas. La dependienta les intenta responder alzando la voz, pero no hay manera, ellos intentan articular también, pero la mascarilla no deja ver nada. La mujer se intenta acercar un poco más a la dependienta, —quizás no tenga una pérdida total de audición y prueba a oír algo —pienso. La cajera se asusta, ha pasado los dos metros de seguridad y entra en pánico. Ella se disculpa y le dice con gestos, que no quería asustarla, solo intentaba acabar con esta situación. La trabajadora, ya cansada y con la paciencia en cuentagotas, coge todos los chocolates y se los pone delante.  Con las cejas alzadas, les dice que escojan rápidamente. Ellos, tímidos y un poco avergonzados, eligen casi sin mirar y se van todo lo rápido que pueden.

En España, según los datos recogidos por la encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) hay un total de 1.064.000 personas sordas y con algún tipo de discapacidad auditiva, es decir, un 2,3% de la población total. Las personas sordas  viven con una pérdida auditiva y en su vida cotidiana encuentran barreras de comunicación que, a menudo, dificultan o impiden que desarrollen  sus capacidades y participen en la sociedad en igualdad de condiciones.

El colectivo de personas sordas no es un todo igualitario, sino que es heterogéneo. Igual que no hay dos personas oyentes iguales, tampoco hay dos personas sordas iguales. Hay personas sordas oralistas, que se comunican con la lectura labial y con técnicas como audífonos o implantes. Por otro lado están las personas sordas que utilizan  lengua de signos y son las que tienen más barreras de comunicación. Por último hay personas sordociegas, que encuentran una gran barrera a la hora de comunicarse y que dependen completamente de los intérpretes. 

“Cuando se encontraban con un policía en la calle y no le veían la cara, no sabían lo que les estaba diciendo. Hay un problema de incomunicación y de angustia”

Antonio Vega, cofundador de Comunicados
¿Cómo llevas el uso de mascarilla?

La comunidad sorda está viviendo una barrera más en esta pandemia. A parte de sufrir el estar más tiempo en casa, el tener, según en qué fase, la libertad coartada, se enfrentan a que cuando salen  a comprar el pan, al banco o al médico, no pueden comunicarse bien con las demás personas. Antes de que el uso de mascarillas fuera necesario, se buscaban las maniobras necesarias para hacerse entender y comprender a su interlocutor. Ahora las personas sordas que necesitan la lectura labial para tener una buena comunicación, se encuentran con que el que tienen en frente tiene las 3/4 partes de la cara tapada. Por eso, hace semanas que aparecieron iniciativas solidarias como la de la Hermandad de Costaleros de Jerez por Nuestros Mayores, que colaboraron para fabricar mascarillas adaptadas  que facilitaran la comprensión labial de las personas sordas que necesiten esa lectura para entender a las personas que trabajan de cara al público en todos los ámbitos de la sociedad: administrativos, hospitales, supermercados, policías… También, Ashley Lawrence, una estadounidense de 21 años,  publicó un tutorial en su muro de Facebook.

Para aquellas personas que utilicen la lectura labial para poder comunicarse, el que al otro se le pueda ver la cara, la boca y las expresiones significaría un alivio para la comunicación. El problema es que estas mascarillas no están homologadas ya que son caseras y carecen de la fiabilidad que las autoridades sanitarias nos dan. Y aunque estuvieran homologadas, habría que hacer un gran esfuerzo para que se implantaran. Serían necesarias tanto en las personas oyentes como en las sordas, ya que la lengua de signos está muy apoyada por la comunicación facial y la expresión, por eso si nos tapamos una gran parte de la cara y nos quedamos solamente con los ojos, hay muchos signos que se pierden, porque faltan contenidos, por lo tanto, no pueden utilizar la lengua de signos con total plenitud. En este tiempo “cuando se encontraban con un policía en la calle y no le veían la cara, no sabían lo que les estaba diciendo, a no ser que el policía supiera lengua de signos, que no es lo normal. Hay un problema de incomunicación y de angustia”, me cuenta Antonio Vega, cofundador de la empresa Comunicados, un proyecto que nace para garantizar la comunicación y relación de la comunidad sorda con las empresas privadas e instituciones y cumplir con los derechos universales de igualdad, acción social y accesibilidad. Quizás sea hora de que las personas que trabajan de cara al público necesiten unas nociones básicas de lengua de signos, “esto aliviaría bastante el estrés que muchas personas sufren al intentar realizar cualquier trámite”, dice el cofundador.

comunicados.es

El desconfinamiento les está afectando en el día a día. Ahora con la vuelta al mundo laboral se encuentran con una barrera más: no se pueden comunicar con sus compañeros. “Desde nuestra empresa nos dedicamos a la accesibilidad de personas sordas, para aquellas entidades que contratan nuestros servicios lo que les ofrecemos es una tablet y a través de ésta, contactarías con un intérprete en lengua de signos a tiempo real”, cuenta Antonio Vega. Esto ha permitido que las personas sordas que tengan un problema de comunicación puedan utilizar el servicio, aunque la realidad demuestra que las necesidades son muchas  y que es imposible salvarlas todas.

«La comunidad sorda también tiene derecho a comunicarse, como cualquier otra persona»

Juan Martínez, presidente de la Asociación Cultural de Sordos de Huelva

Otro de los grandes problemas que han sufrido las personas sordas es que gran parte de la información que hemos recibido en esta pandemia se ha vertido por las redes sociales. Todos sabemos que esa información viene muy contaminada y poco accesible. Al principio las comparecencias empezaron sin traducción a la lengua de signos. La comunidad sorda se quejó e hizo ver su necesidad, poco después lo implementaron. Pero, ¿qué pasa después? ¿De qué medios disponen estas personas para poder acceder a contenidos donde poder contrastar la información que les llegaba a través de WhatsApp? Esto ha creado más confusión y miedo. Porque si nos ha sucedido a las personas oyentes teniendo todos los medios por delante, imaginen para aquel que no tiene todo el abanico abierto de par en par.

Es cierto que el uso de la mascarilla ha supuesto un antes y un después. Las bromas con ironías acompañadas de muecas han perdido frescura, la naturalidad y los gestos faciales están mucho más limitados. Pero aún así, la comunicación cumple su cometido: entendernos. En el caso de las personas sordas, sufren de primera mano una merma en el acceso a la información y a la comunicación. El ver una cara totalmente tapada puede generar también ansiedad.  Dependen, en gran medida, de aquel que les recibe, de si sabrá o no lengua de signos, de si tendrá paciencia o si querrá atenderles. Por eso es tan importante la comprensión. Aunque a veces sea más difícil y no la tengamos al vivir momentos de estrés añadido, porque si sientes que alguien se te acerca más de lo debido, puedes entrar en pánico y automáticamente vas a sentir rechazo si desconoces lo que la otra persona está intentando hacer por su situación.

«Nos llegan muchas preocupaciones por parte de personas sordas, están muy preocupadas  porque no saben cuánto va a durar esta situación”

Juan Martínez, presidente de la Asociación Cultural de Sordos de Huelva.

Juan Martínez Ramírez, presidente de la Asociación Cultural de Sordos de Huelva.
sordonubense.es

La Confederación Estatal de Personas Sordas advirtió que la falta de accesibilidad a la información y a la comunicación a las que se enfrentan las personas sordas, no lo solucionaban las mascarillas transparentes. Según la confederación, numerosas personas sordas se han dirigido a la entidad para pedir que no se obvien sus necesidades reales

Los fabricantes de mascarillas, así como los expertos de sanidad, deberían de entender la necesidad real de estas personas, para poder entender su preocupación y así poder hacer un producto que se adecue a sus necesidades reales. «La comunidad sorda también tiene derecho a comunicarse, como cualquier otra persona. Nos llegan muchas preocupaciones por parte de personas sordas, están muy preocupadas  porque no saben cuanto va a durar esta situación”, asegura Juan Martínez Ramírez, presidente de la Asociación Cultural de Sordos de Huelva.

Es un problema de sensibilización brutal. Necesitamos una sociedad que se haga eco, que no se olvide de estas personas, que tenga voluntad para atenderlos e interés para aprender cual es la mejor manera de hacerlo, con o sin mascarilla. Necesitamos una administración pública comprometida que no se olvide de la accesibilidad para estas personas. Urge una normativa que acoja las necesidades reales de la comunidad sorda, un decreto que piense otras medidas para que estas personas también tengan el derecho a la información y comunicación garantizado y tampoco pierdan seguridad y efectividad sanitaria. Sería importante que cada medida que se pusiera en marcha para las personas oyentes, también incluyera a aquellas que lo tienen un poco más difícil. Quizás tengan que pedir una opinión más antes de actuar. 

Hasta entonces, aprendamos a escuchar al otro, armándonos de elementos  como la paciencia, la voluntad, las manos y los mirada.

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